Luis de Requesens en el Mediterráneo: de la Rebelión de las Alpujarras a la Batalla de Lepanto (1568-1571)

Ramon Bosch Sanjuan

Universitat Rovira i Virgili

0000-0002-2468-7594

Fecha de recepción: 14 de septiembre 2021

Fecha de aceptación: 5 de noviembre de 2021

DOI: https://doi.org/10.51829/Drassana.29.671

CC-BY-ND

■ RESUMEN

La batalla de Lepanto y la rebelión de las Alpujarras son ejemplos del enfrentamiento entre las mayores concepciones universalistas: el Islam y el Cristianismo.

Se han escrito innumerables obras al respecto, algunas de ellas fueron dedicadas a sus protagonistas: Juan de Austria, Álvaro de Bazán, Alejandro Farnesio, Gian Andrea Doria… Sin embargo, otros como Luis de Requesens o Joan de Cardona, han pasado más inadvertidos.

En este artículo pretendemos mostrar, desde una nueva perspectiva historiográfica, la influencia que tuvo Luis de Requesens en los conflictos armados, así como en materia diplomática y religiosa. Igualmente, queremos reivindicar la presencia catalana en las empresas de la Monarquía Hispánica; rechazando que la Cataluña del siglo XVI tuviera en ellas un papel secundario.

Palabras Clave: Lepanto, Alpujarras, Luis de Requesens, catalanes, turcos, galeras.

Luis de Requesens in the Mediterranean: from the Alpujarras Rebellion to the Battle of Lepanto (1568-1571)

■ ABSTRACT

The battle of Lepanto and the rebellion of the Alpujarras are examples of the confrontation between the greatest universalist conceptions: Islam and Christianity.

Countless works have been written on the subject, some of them dedicated to their protagonists: John of Austria, Álvaro de Bazán, Alejandro Farnesio, Gian Andrea Doria… However, others, such as Luis de Requesens and Joan de Cardona, have gone unnoticed.

In this article we intend to show, from a new historiographical perspective, the influence that Luis de Requesens had in armed conflicts, as well as in diplomatic and religious matters. Likewise, we want to vindicate the Catalan presence in the undertakings of the Hispanic Monarchy, rejecting the idea that Catalonia in the 16th century played a secondary role in them.

Keywords: Lepanto, Alpujarras, Luis de Requesens, Catalans, Turks, Galleys.

■ RESUM

Lluís de Requesens a la Mediterrània: de la Rebel·lió de les Alpujarras a la Batalla de Lepant (1568-1571)

La batalla de Lepant i la rebel·lió de les Alpujarras són exemples de l'enfrontament entre les majors concepcions universalistes: l'Islam i el Cristianisme. S'han escrit innombrables obres al respecte, algunes d'elles es van dedicar als seus protagonistes: Joan d'Àustria, Álvaro de Bazán, Alejandro Farnesio, Gian Andrea Doria … No obstant això, altres com Luis de Requesens o Joan de Cardona, han passat més inadvertits. En aquest article pretenem mostrar, des d'una nova perspectiva historiogràfica, la influència que va tenir Luis de Requesens en els conflictes armats, així com en matèria diplomàtica i religiosa. Igualment, volem reivindicar la presència catalana a les empreses de la Monarquia Hispànica; rebutjant que la Catalunya de segle XVI tingués en elles un paper secundari.

Paraules Clau: Lepant, Alpujarras, Lluís de Requesens, catalans, turcs, galeres.

■ INTRODUCCIÓN

A inicios del siglo XVI, los otomanos se expansionaron a una velocidad alarmante, tanto en Asia Menor, como en Europa. Pierre Viret, el reformador protestante de la Suiza francesa escribía al respecto:

no podemos maravillarnos de que Dios castigue a los cristianos con los turcos, como en otro tiempo castigó a los judíos, cuando abjuraron de su fe (…), porque los turcos son hoy los asirios y los babilonios de los cristianos, y el flagelo la plaga y el furor de Dios1.

Para entender este miedo devastador a un imperio ya no tan lejano, cabe mencionar además de la hecatombe cristiana materializada en la caída de Constantinopla del 29 de mayo de 1453, la rápida conquista de Siria y sobre todo de Egipto.

El imperio de Selim I ganó miles de kilómetros cuando inició una formidable ofensiva sobre el territorio mameluco de Siria. Éstos no pudieron resistir el empleo de la artillería turca y, Alepo y Damasco cayeron con gran facilidad; la misma suerte corrió Egipto poco después [véase imagen 1]. A través de la tierra de los faraones, el Imperio Otomano organizó el tráfico de oro africano, procedente de Etiopia y del Sudán y ante las necesidades de las enormes ciudades de Constantinopla y Antioquía, Egipto se percibió como la gran solución alimenticia, produciendo grandes cantidades de trigo, arroz y habas. El Imperio Otomano alcanzaba el carácter de superpotencia y en el plano político-religioso, la conquista de Egipto supuso la consagración de Selim I, que empezaba a considerarse como el Califa, es decir, el príncipe de los creyentes. En 1517 el hijo del jeque de la Meca le otorgó las llaves de la Kabba, junto con la bandera verde del profeta. De esta forma el sultán otomano se erigía como el ser supremo, capaz de unir el mundo y revivir las hazañas de los antiguos profetas del islam2.

Imagen 1. Mapa Mundial de los Estados Beligerantes en Lepanto, control territorial e influencia (Ramon Bosch Sanjuan).

Al otro lado del Mediterráneo, la Monarquía Hispánica de Carlos y Felipe vivía un periodo de expansión sin precedentes en su historia; sin embargo, este florecimiento se gestaba en América, mientras que, en el continente europeo, el abundante patrimonio de los Habsburgo empezaba a resquebrajarse. En Flandes y en el Franco Condado, la Reforma protestante constituyó la principal aflicción de los Habsburgo; mientras que, en España e Italia, la piratería berberisca y el temor a una invasión turca eran la gran preocupación de las localidades del litoral. Las poblaciones costeras de la Monarquía Hispánica eran el objetivo de los ataques de los piratas de Argel que, de forma oficiosa, cooperaban con el Imperio Otomano. Los piratas argelinos también colaboraron alguna vez, con los moriscos de Valencia y Granada; de hecho, casi todas las costas del Mediterráneo occidental, desde Sicilia a Gibraltar, habían sido atacadas alguna vez3. Fue a partir de los años treinta del siglo XVI cuando las armadas turcas alcanzaron a descargar sus devastadores ataques, primero contra las costas de Nápoles y Sicilia y, más tarde, en orillas tan cercanas como las de Menorca4.

De vez en cuando, una barcaza de “moros”, en aquellos tiempos conocidas como fustas, desembarcaba en una costa del litoral catalán, valenciano o balear, saqueaban las poblaciones circundantes y secuestraban algunos cautivos, habitualmente mujeres y personajes de alto rango, para liberarlos a cambio de un rescate. Si la petición no era atendida, eran vendidos como esclavos en el mercado norteafricano. El terror que causaban era tal que, desde finales del siglo XV, Braudel observó un progresivo abandono de las costas mediterráneas para trasladarse al interior5.

Esta tensión supuso que las localidades costeras vivieran en un estado de alarma constante y que tuvieran que mantener vigías y, los municipios de mayor envergadura, guarniciones regulares.

Las “fustas” solían atacar núcleos pequeños, desprovistos de defensas, como Salou o Mahón, pero de vez en cuando naves argelinas podían reunirse para atacar poblaciones más importantes. El 25 de junio de 1564 Barcelona entró en pánico cuando se avistaron 16 galeras argelinas que habían desembarcado en la desembocadura del Besós. Sus tripulantes quemaron varias aldeas, saquearon Badalona y capturaron a una mujer y a dos niños6. Unos años antes, en el verano de 1558, Pialí Bajá saqueó Menorca con 130 galeras. Este episodio conmocionó al territorio catalán, que se preparaba para una inminente invasión otomana. Sin embargo, el reino de Aragón, con la intermediación de la reina Juana –abuela de Felipe–, movilizó a algunos efectivos en ayuda de sus vecinos catalanes. Mientras duraron los saqueos de la isla de Menorca, dos compañías de soldados aragoneses comandadas por Pedro la Raga llegaron a las inmediaciones de Barcelona para reforzar su defensa. Aunque los otomanos nunca se atrevieron a desembarcar en territorio peninsular, el conseller Dionís Clariana, agradeció encarecidamente el gesto y recordaba con sentidas palabras la tradicional solidaridad entre los miembros de la Corona de Aragón “el sentimenth ab ells és com cap d’aquell regne d’Aragó”7.

Aunque los episodios de Barcelona y Menorca conmocionaron al mundo cristiano, éstos no eran frecuentes. Sin embargo, las razias nocturnas de tres o cuatro fustas de argelinos que atemorizaban a las poblaciones costeras menores castigaban de la peor forma a los habitantes del litoral, por ser estos ataques muy frecuentes. Salou, tuvo que soportar desde 1515 a 1591 al menos 24 ataques piráticos que diezmaron su demografía, sobre todo, por el abandono de la localidad8.

En la década de 1560 la situación en el litoral Mediterráneo era insostenible, por lo que el rey prudente ordenó la construcción de fortificaciones para hacer frente a esta situación [véase imagen 2]. Cada rumor de algún movimiento de las escuadras turcas recordaba a los catalanes la necesidad de fortificar y vigilar las costas. En 1570, un año antes de la Batalla de Lepanto, Felipe II definió de este modo la situación en el Mediterráneo:

Imagen 2. Torre Vella de Salou. (foto: Ramon Bosch Sanjuan).

Este año durante el verano una armada del turco amenaza sobre estas partes, por el levantamiento sucedido en Granada y sperança que tiene que los moriscos que están en nuestros reynos de Aragón y Valencia harán el mismo motivo, y por parecerles también que tomando pie en esa isla y estando lo de África tan vecino, podrán mejor los unos a los otros darse la mano9.

Las torres y los baluartes que se construyeron a lo largo de la costa ayudaron a minimizar los ataques, pero lo que fue determinante para acabar con el expolio en el litoral fue la construcción de nuevas galeras.

Solo el esfuerzo de construcción naval y las alianzas con los estados italianos permitieron crear una fuerza capaz de enfrentarse a esa marea, con hitos como la heroica resistencia de Malta o la “decisiva” victoria de Lepanto10. Por lo tanto, el muelle de Barcelona y sus astilleros jugarían un papel fundamental para acabar doblegando la armada turca y a los piratas argelinos.

Este fue el complicado escenario con el que Requesens y sus colaboradores tuvieron que lidiar en el Mediterráneo, mientras la atención de la Monarquía Hispánica y su foco de actuación seguía dispersa entre los múltiples escenarios donde su autoridad podía ser socavada.

■ ¿QUIÉN ERA LUIS DE REQUESENS?

Don Luis de Requesens y Zúñiga, nacido el 25 de agosto de 1528 en la cámara del Parament del Palau de Barcelona, [véase imagen 3] fue el hijo primogénito de Don Juan de Zúñiga Avellaneda y Velasco y de Doña Estefanía de Requesens. Fue bautizado el 28 del mismo mes con el nombre de Lluís Agustí, el primer nombre por su abuelo Lluís y el segundo por ser el día de este santo.

Imagen 3. Plano (alzado) Palacio Real Menor de los Requesens. Barcelona, 25 de mayo de 1749. (CAT. ANC, 1-960, uc. llig. 365, doc. 21).

Luis fue un niño extremadamente débil y enfermizo; según el jesuita e historiador José Mª. March, era tan delicado que en los primeros años de vida le mudaron cinco amas. A temprana edad Luis acompañó a su padre a la corte de Castilla, para que aprendiera y pudiera seguir sus pasos. Pedro González de Mendoza, quien ejercía de guía y maestro en política del príncipe Felipe, fue sustituido por Juan de Zúñiga, el padre de Luis11.

Muy pronto, a principios de 1535, se encomendó a Don Juan de Zúñiga y a su esposa Estefanía de Requesens, la tarea de cuidar al joven Felipe. En efecto, los padres de nuestro personaje en cuestión fueron los ayos del futuro monarca y el joven Luis fue uno de los pajes del futuro rey.

Inmerso ya en tareas de responsabilidad, a menudo Luis acompañaba a Felipe en sus empresas, sirviéndole como consejero cuando se hallaba en Flandes o en Inglaterra [véase imagen 4]. Por ejemplo, en 1543 fue elegido para escoltar al príncipe de Asturias con motivo de su boda con María de Portugal; al morir ésta en el parto, el futuro rey se retiró al monasterio de El Abrojo donde Luis le acompañó como compañero de sufrimiento12.

Imagen 4. Retrato de Lluis de Requesens y Zúñiga dentro de la Primera década de las guerras de Flandes…escrita en latín por R. P. Famiano Estrada. Amberes, 1701 (BNE Iconografía Hispana 7733-18 [Barcia. Retratos 1540-6]).

Años más tarde, Luis volvió a ser escogido para acompañar al príncipe a Monzón, cuando le aquejó otra de sus múltiples enfermedades y tuvo que abandonar a Felipe, que iba camino de Flandes. Una vez allí, su madre Estefanía le sugirió que se desplazara a la corte del emperador Carlos, que por entonces se encontraba en Augsburgo, para que le trataran los mejores médicos. En Alemania recibió el nombramiento de Comendador Mayor de Castilla, vacante tras la muerte de su padre13.

Felipe fue también el mayor valedor y protector de Luis de Requesens en la Corte, pues, aunque en la década de 1530 su madre escribía: “lo Lloyset està molt bonico, guartlo Deu, y continua son estudi i parla lo castellà molt bonico”14, lo cierto es que era objeto de constantes mofas y burlas —por parte de los cortesanos— por su acento catalán15. Esta, podría ser la razón por la que Requesens nunca se sentiría cómodo en Madrid y preferiría pasar su tiempo libre decorando el Palau de Barcelona.

En la década de 1550 empezó a tratarse el tema de la boda de Luis con doña Jerónima, hija del Maestro Racional de Cataluña, Francesc Gralla y Desplá. Parece ser que el padre de Jerónima se opuso al enlace; era tal su desacuerdo que solo la intervención del Príncipe de Asturias pudo deshacer el enredo, tras múltiples negociaciones16.

Luis de Requesens fue el vástago más destacado de su casa. Sin embargo, el linaje de los Requesens jamás fue una gran nobleza hispánica; de hecho, ni el más ilustre de la casa catalana consiguió nunca el título de Grandeza de España.

■ REQUESENS: DE LA EMBAJADA DE ROMA A LA LUGARTENENCIA DE LA FLOTA HISPÁNICA

En 1562, Requesens fue enviado como embajador a Roma, seguramente, el cargo diplomático más importante en Europa de la Monarquía Hispánica. Requesens era el intermediario entre Su Majestad Católica y el Papa, lo cual le otorgaba una serie de poderes que podríamos calificar de intangibles. Efectivamente, ser el contacto del rey con el Papa le otorgaba prestigio y un buen número de favores a cobrar, pues el puesto era sumamente estratégico y la confianza que el rey confería al embajador solía ser muy alta. Sin embargo, la relación entre la Monarquía Hispánica y el papa Pio IV era ciertamente complicada.

Requesens estuvo presente e incluso fue partícipe de alguno de los acontecimientos político-religiosos más importantes del siglo, como la conclusión del Concilio de Trento, o la elección del nuevo Papa, el dominico Pío V.

En 1568 se le relevó del cargo de embajador en Roma en beneficio de su hermano Juan de Zúñiga. Por orden de Felipe II, Requesens serviría al lado de Juan de Austria, hermanastro del rey, como Lugarteniente general del mar, el segundo puesto en términos de responsabilidad de la armada hispánica.

Sin embargo, sus poderes eran más extensos de lo que en un principio pudiera parecer. Con Juan de Austria, nuevo comandante en jefe de la flota, el rey seguía teniendo algunas reticencias. Continuaba pensando que era demasiado joven y que su inmadurez podía condenar la delicada empresa.

Junto a una carta pública donde el rey dotaba a Luis de Requesens de los poderes de Lugarteniente de la flota, [imagen 5] Felipe II escribió otra misiva secreta para Requesens donde aún puede leerse en el dorso: “que no ha de mostrarse”.

Imagen 5. Nombramiento de Felipe II a favor de Luis de Requesens y Zúñiga como lugarteniente del Capitán General del Mar, con el fin de dirigir las operaciones navales en la batalla de Lepanto. Madrid, 22 de marzo de 1568. Incluye un sello de placa. (CAT. ANC, 1-9).

(…)advirtiendo que todas las cosas que se huvieren de despachar proveer y mandar, por escripto estando él presente, vayan y se hagan en su nombre y firmadas del con vuestra señal como se contiene en uno de los capítulos de su ynstruçión particular, y que assí mismo en lo que se huviere de ordenar proveer y mandar de palabra lo mande y ordene el dicho don Juan o vos en su nombre, refiriéndolo a que sale y proçede del y que se haze por su mandado como quiera que, como habréis visto por uno de los capítulos de instrucción particular que habemos dado a dicho illmo don Juan de Austria, le habemos ordenado, y así es nuestra voluntad que se guarde, que todo lo que se hubiere de proveer, ordenar y hacer sea con vuestro parecer y que de aquel no se aparte en ninguna manera y demás de lo que se dice por escrito se lo habemos advertido particularmente de palabra, y tenemos por cierto que así lo hará17.

Con esta carta de 1568, el rey dejaba meridianamente claro que confiaba mucho más en el parecer de Luis de Requesens que en el de su hermanastro. Sin embargo, por razones obvias, el rey confirió el poder de la flota, al menos nominalmente, a Juan de Austria.

■ REQUESENS EN LAS ALPUJARRAS

La guerra de la Alpujarra estalló en 1568, en forma de revuelta contra la pragmática sanción de 1567, que limitaba drásticamente las libertades de los moriscos. Tal choque integraba un fuerte componente de guerra civil, que se había ido conformando a lo largo de los años a partir de la creciente intolerancia religiosa y de los continuos ataques y colaboraciones de los moriscos con los piratas berberiscos. Por otro lado, en los archivos hay sobradas muestras de la crueldad popular contra la población morisca a la que, con el paso de los años, identificaba con más claridad, como una minoría indeseable18. Las acciones del Rey Católico tampoco ayudaron a que la población morisca se integrara plenamente en los reinos peninsulares. El rey prudente pensaba en su expulsión, pero el gran número de moriscos que vivían en el levante peninsular, sobre todo en los reinos de Valencia y de Granada, hacían económica y demográficamente inviable tal “solución”19.

Con estos planteamientos, llegamos al año 1568, recordado como el annus horribilis, pues estallaron casi al unísono la guerra de la Alpujarra y la guerra de Flandes, se endureció el problema del bandolerismo catalán, entraron masivamente hugonotes franceses por la frontera pirenaica20 y moría en extrañas condiciones el príncipe don Carlos y también la tercera esposa de Felipe, Isabel de Valois, al dar a luz. Se ha escrito que el alud de problemas que asolaron a Felipe II, provocó en él un cambio de personalidad y también de política, siendo ésta más intransigente y quizás más cruel21. Para reprimir a los calvinistas de Flandes mandó al duque de Alba con órdenes expresas de sofocar la rebelión con dureza. Pero para la guerra en Granada, el rey apenas contaba con efectivos, pues había mandado a los tercios con el duque para ahogar la insurrección holandesa22. Pocas veces se ha tenido en cuenta que las tropas de Juan de Austria y de Luis de Requesens estuvieron nutridas esencialmente de catalanes y valencianos, además claro está, de las milicias levantadas en Murcia y en el propio territorio granadino23.

El virrey de Cataluña, Diego Hurtado de Mendoza se vio obligado a responder a la necesidad de leva del rey para contrarrestar la sublevación morisca. Para solucionar dicho problema, el virrey ofreció el indulto a todos los habitantes del Principado que tuvieran cuentas pendientes con la justicia si accedían a ir a la guerra de la Alpujarra. Centenares de bandoleros accedieron a la propuesta del virrey y, según cuenta Reglà, esta fue la primera vez que dichos malhechores obtuvieron el perdón a cambio de enrolarse en los tercios. Se mataba dos pájaros de un tiro, puesto que estos hombres eran rudos, estaban acostumbrados a la violencia y a vivir a la intemperie, buenas aptitudes para formar en los tercios. En 1569 Antich Sarriera reclutaba más de mil voluntarios catalanes en los condados del Ampurdán y la Valle de Aràn, para ir a la guerra de Granada24. Eran muchos los catalanes encuadrados en los tercios al mando de Juan de Austria y de Luis de Requesens; aunque también había muchos valencianos, aragoneses e incluso algunos franceses.

En 1569, Luis de Requesens se encontraba en Italia al mando de 24 galeras, cuando sufrió un temporal, mientras acudía para dirigir las tropas en la guerra de Granada. Afortunadamente, la nave capitana del Comendador Mayor salió de la tormenta con 18 galeras más, pudiendo llegar a las costas catalanas: “han patit gran naufragio los del Comendador”25.

Los 18 navíos de Requesens llegaban en junio de 1569 a Barcelona, para embarcar más soldados en dirección a las costas granadinas. A sus órdenes, los tercios compuestos esencialmente de catalanes e italianos consiguieron, ese mismo año, una sonada victoria en la batalla de Vélez-Málaga. De dicha batalla el Dietari de l’Antic Consell Barceloní recoge las palabras de un superviviente: “fonch nafrat un fill de mosén Fransesch Anthoni Setantí d’esta ciutat e altres molts cathalans”26. Requesens asaltó en persona y con un nutrido contingente de arcabuceros, ballesteros y caballeros particulares, sus “criados y deudos”, como él mismo los llamaba, el Peñón de Frigiliana.27

El Comendador Mayor gozó en las Alpujarras, de total confianza y tuvo un papel destacado al mando del ejército cristiano al lado de Don Juan. Felipe II escribía a su hermano: “Luis Quijada por su herida no os podrá aconsejar, será menester que os aconsejéis con el comendador mayor y toméis su consejo, pues veis el celo que tiene á mi Servicio”28. Fue también, el encargado de entrar y pacificar la ciudad de Granada a finales de 1570. Don Juan escribía esto a su hermano en vísperas de la entrada en la ciudad: “a la entrada del Alpujarra daré toda la priesa posible, para lo cual el comendador mayor partirá á Granada mañana, y yo solicito la gente que me ha de venir de las ciudades convecinas todo lo que puedo”29.

Juan de Austria pudo confirmar la pacificación de la zona a mediados de noviembre de 1570. Fueron deportados nada menos que 50.000 moriscos hacia el interior del reino castellano y, en una de las imágenes más desoladoras de la guerra, el hermanastro del rey escribía a Ruy Gómez:

hoy ha sido el último envío de ellos y con la mayor lástima del mundo, porque al tiempo de la salida, cargó tanta agua, viento y nieve que ciertos se quejaban por el camino a la madre la hija y a la mujer su marido y a la viuda su criatura, y desta suerte y yo de todos los saqué dos millas mal padesciendo: no se niegue que ver la despoblación de un reyno es la mayor compasión que se puede imaginar. Al fin señor esto és hecho30.

■ REQUESENS EN LA SANTA LIGA

Con intrépido corazón y llevados de la honra que les incita, se ponen a ser blanco de tanta arcabucería mientras procuran pasar por la estrecha pasarela que une a la galera contraria; Y lo que es mas de admirar es que apenas uno ha caído donde no se podrá levantar hasta el fin del mundo cuando otro ocupe su mismo lugar.31

Con estas mismas palabras Miguel de Cervantes y Saavedra describía el más espectacular de los acontecimientos militares del siglo XVI. El choque de Lepanto fue una de las mayores batallas navales de la historia, al menos, hasta la Segunda Guerra Mundial y probablemente la mayor victoria de la cristiandad. El dispendio de recursos fue descomunal, al igual que los alardes de valentía y de alegría tras las noticias de victoria. La fama de los mandos cristianos se agrandó hasta lo shakesperianamente posible, siendo Juan de Austria, el héroe cristiano por excelencia32.

Se ha considerado que la batalla de Lepanto no trajo las resoluciones geopolíticas esperadas33, pues tras la jornada del 7 de octubre de 1571 los aliados fracasarían en Navarino y Modón, los venecianos agotados, abandonarían la Liga y pactarían las condiciones de su rendición con los otomanos y en 1574 los turcos triunfarían de nuevo en la toma de La Goleta y de Túnez. El sueño de cruzada de Pío V fue barrido por los vientos contrarios en apenas tres años y la delirante idea de recuperar Jerusalén y Constantinopla, se desvaneció para siempre34. Sin embargo, y pese a la impresionante reconstrucción naval de los osmanlíes, la pérdida de los grandes hombres que habían estado al frente de la armada turca además de sus entrenadas tripulaciones, supuso un parón en la dinámica expansiva otomana y el final de su hegemonía en el mediterráneo.35

De un modo u otro, la noticia de la firma de los acuerdos de la Santa Liga llegó a El Escorial el 6 de junio de 1571. Las inexplicables demoras que precedieron a la gestación de la alianza retrasaron más de lo que ya era habitual, las disposiciones marítimas en las costas de España. Seguramente las malas cosechas del año anterior no ayudaron a los preparativos, aunque sí favorecieron la extinción definitiva de la revuelta de las Alpujarras, pues los moriscos que aún seguían en pie de guerra se vieron obligados a abandonar la lucha por la hambruna que recorrió el levante peninsular ese año36.

El despliegue logístico requerido era, quizás, el mayor que había dispuesto la Monarquía Hispánica en toda su historia. Se requerían víveres, pólvora, armas, mantas… pero también tenían que hacerse levas y llevar a todos los galeotes posibles a Barcelona, de donde partiría la flota hacia Italia. Además, se daba una de las situaciones más extrañas del momento: los archiduques de Austria y príncipes de Bohemia se encontraban en España, según Braudel desde 1564, y ahora querían volver a su tierra natal, por lo que los iba a acompañar Don Juan y su dotación de galeras hacia Génova, primer punto de reunión. Luis se refiere a todo ello en una carta que envía el 27 de julio de 1571 a Antonio Pérez desde Génova:

El señor don Juan ha tenido buen tiempo desde Rosas a aquí como vuestra merced vela por sus galeras pues llegó ayer temprano a este lugar [Génova] y los señores míos príncipes de Bohemia Excelencias. Han venido y quedan con salud y la misma doy a Dios gracias. Entona esta armada y dase el señor don Juan toda la prisa posible a salir de aquí y la misma piensa darse en todas las otras partes como lo requiere el poco tiempo que queda del verano (…)37.

Hasta que no llegaron los Archiduques Rodolfo y Ernesto, la flota esperó impaciente en Barcelona. Incluso, tuvo tiempo de llegar don Álvaro de Bazán y Gil de Andrade, que venían de Cartagena, de donde habían cargado sus galeras con 4.000 infantes, —una tropa de élite con experiencia obtenida en la guerra de las Alpujarras— junto a provisiones de galleta, bizcocho y pólvora38.

Buena parte de la tropa que embarcó en Barcelona para reunirse en Italia con el resto de aliados provenía de la guerra de las Alpujarras y un buen número de estos combatientes, eran catalanes que habían formado en las huestes de Luis de Requesens, de Andrade o de Juan de Austria, hacía apenas un año. Eulalia Miralles insiste en ello, pues dice que no existen demasiadas referencias históricas de los catalanes que sirvieron en tiempos de Carlos V; sin embargo, tanto en los poemas épicos de la batalla de Lepanto, como en las fuentes documentales de la guerra de las Alpujarras aparecen noticias de su presencia, lo cual, demuestra su intervención en este enfrentamiento39.

En total, 48 galeras a rebosar de hombres estaban preparadas el 18 de julio de 1571 en Barcelona. Demasiado tarde opinaban Requesens y Doria, quienes aconsejaban al hermanastro del rey limitarse a una actitud estrictamente defensiva40.

El 26 de julio llegaron a Génova. Los mandos apenas pudieron descansar, pues en esa plaza embarcaron a 1.000 italianos y a 3.000 alemanes. También se sumaron tres naves genovesas, propiedad de Gianandrea Doria, siendo ésta, además de algunos cientos de soldados, la escasa participación de la pequeña república.

Luis alertaba de que la estación de verano y el buen tiempo para navegar se les agotaba y que los víveres que les quedaban eran más bien escasos, por lo que no podían demorarse mucho más para encontrarse con el resto de la flota en el sur de Italia. En una carta a Gonzalo Pérez, Requesens explica la situación:

Es tanta la falta de tiempo que aquí tenemos, por la gana que hay de pasar adelante (…) Y nos envíen dineros y resolución en las cosas y particularmente en lo de las galeras de Juan Andrea que fuera justo que el señor don Juan supiera lo que habrá de hacer de ellas, y las ordenes que en esto se han dado(…) Génova a 27 de Julio de 157141.

Las ahora más de 50 naves llegaron a Nápoles el 9 de agosto, pero las recepciones y los preparativos demoraron la salida de la flota hispana hasta el día 20. No fue hasta el día 24 de agosto cuando se unió con la de sus aliados en Mesina. El espectáculo fue, según las fuentes, grandioso. Las cifras tanto en las galeras como en efectivos cristianos varían, al igual que las galeras y la soldadesca otomana, y es aún más variable si comparamos historiadores de sendos países.

Idris Bostan, investigador de la Universidad de Estambul, apunta que el total de las naves cristianas era de 243, guarnecidas con 37000 infantes, mientras que las otomanas no llegaban a 230 unidades y a 25000 soldados42. Agustín Ramón Rodríguez, de la Universidad Complutense de Madrid, sugiere cifras distintas y otorga la superioridad numérica a los turcos. El profesor Rodríguez apunta para los cristianos: seis galeazas, 198 galeras y 40 fragatas de apoyo, con una dotación de 30000 infantes. A la flota otomana le otorga 216 galeras y 64 galeotas con una dotación de 40000 combatientes.43

■ REQUESENS Y OTROS CATALANES EN LA BATALLA DE LEPANTO

La flota aliada partió, finalmente, el 16 de septiembre de Mesina en dirección a la isla de Corfú, esperando encontrar noticias de la ubicación de la armada otomana.

Don Juan había decidido ir a buscar al enemigo en sus aguas, en una estación complicada para la navegación y desoyendo las advertencias de Doria y Requesens. El primero advertía que no todas las galeras gozaban del aplomo y de la calidad de la galera Real [véase imagen 6] y que, ante un más que posible temporal, podía perder buena parte de la armada.

Imagen 6. Réplica de la Galera Real de Juan de Austria. (Museu Marítim de Barcelona. Foto: Ramon Bosch).

Requesens, profundamente disgustado por las desavenencias con Don Juan, por su tozudez al rehusar el consejo de marinos más experimentados y por los continuos agravios personales, –Don Juan llego a pedir a Requesens que dejara de comer a su lado en la galera Real– amenazó con abandonar el cargo de lugarteniente de la Liga y desentenderse del mando. Requesens dolido, explicó al Rey lo ocurrido en una carta del 1 de agosto de 1571:

Estando anoche para venirme a embarcar, me envió el Sr. D. Juan a decir con el secretario Soto que me avisara que yo no había de comer con él en galera como lo había hecho ahora tres años44.

Don Juan percibía, habitualmente, la tutela de Luis como un estorbo insufrible para sus arriesgados planes. En una carta íntima a su esposa del 11 de noviembre de 1571, transcurrido un mes desde la batalla de Lepanto, podemos intuir, una vez más, esta mala relación:

Las borrascas del señor don Juan de Austria y mías han parado en que me parto grandísimo servidor suyo, y podráse esto conservarse muy bien desde Milán, que dé más cerca fuera Imposible45.

Sea como fuere, Don Juan, para esquivar a Requesens y Doria, se apoyó en Colonna, haciéndolo, según nos comenta Manuel Rivero, su mayor confidente y mentor durante las jornadas de campaña, irritando de este modo a los enviados del rey.

La falta de confianza, las discusiones entre comandantes, la falta de una estrategia clara para la campaña y las dudas respecto a los objetivos de la Liga causaron dudas entre los oficiales. Si bien se intentó mantener en secreto, entre el círculo de mandos de mayor rango se precipitaron todo tipo de especulaciones, pero sobre todo circulaba el rumor de que en realidad no había ningún plan, que todo se había dispuesto con las prisas, puesto que se acababa la estación veraniega, y que el Consejo Mayor, disponía de pocas ideas sobre qué hacer al encontrase con la flota enemiga46.

Después de zarpar de Mesina, la flota cristiana se dirigió a Corfú sin saber apenas, donde estaba el enemigo. Los cristianos se enteraron por unos lugareños que la flota otomana permanecía, desde hacía varios días, en el golfo de Lepanto. La Santa Liga viró rápidamente en busca de los turcos, consiguiendo embotellar a la flota otomana, en lo que puede reconocerse como un gran éxito táctico. Con la aurora del 7 de octubre de 1571, el combate dio inicio. La escuadra cristiana tuvo la ventaja de escoger el teatro de batalla, y este era tan pequeño que no daba apenas posibilidad de flanqueo. Este hecho, tanto para la historiografía como para los expertos militares, fue determinante para que la batalla se decantara a favor de la escuadra cristiana47.

Ante la batalla, las dos escuadras se distribuyeron casi de igual modo, asimilándose bastante a la disposición de un ejército en un escenario terrestre: la ordenación se dispuso en un centro bien dotado y dos alas. En el ala izquierda cristiana, el almirante veneciano Barbarigo, al mando de 55 galeras, extendió su línea de bajeles y se arrambló todo lo que pudo a la costa. En el ala derecha el almirante genovés Doria hizo lo propio con 54 galeras. En el centro estaban Juan de Austria y Luis de Requesens con la mayor parte de los oficiales, al mando de 64 galeras, y detrás estaba la reserva de Bazán con 30 galeras. Además, la flota cristiana contaba con las seis galeazas venecianas, al mando de Francisco Duodo, que formaron en vanguardia; estos eran buques enormes artillados con más de 50 cañones que iban a tener un papel decisivo en el transcurso de la batalla. En el otro bando, Suluk Mehmet formó una gran hilera en el ala izquierda con 55 galeras. En el lado derecho con 61 galeras y 32 fustas se dispuso Uluch Alí. En el centro formó el jefe de la armada Alí Pasha con 87 galeras y, en la reserva, se encontraba Dragut con ocho galeras48.

No queda del todo claro dónde estuvo Luis de Requesens durante la batalla. Podría ser que comandara la nave Capitana, dispuesta justo detrás de la galera Real de Don Juan, como apunta Víctor Joaquín Jurado49, o bien que estuviera en la misma galera Real peleando junto al hermanastro del rey. Lo que parece más claro, es que Requesens fue uno de los artífices del resultado de la contienda, como nos lo muestra la siguiente estrofa de Joan Pujol, poeta catalán coetáneo:

Un don Luis, de cognom Requesens

comanador, molt digne de Castella

de qui volant, pertot la Fama bella

va dignament, illustrant sos parents

lo qual apres, del noble don Joan

te’l primer lloch, en lo govern y traces

y lo que diu ab sos prechs, o menaces

se fa molt prest, per tots quants allí stan50.

Aunque de forma general se atribuye al Comendador Mayor cierta prudencia e indecisión para enfrentarse a los turcos, en una carta a su yerno, Requesens expone que esto era una falsedad para socavar su buena reputación:

está lexísimos de ser verdad y basta para prueba dello averse peleado porque si yo fuera de contrario voto no se hiziera, pues demás de que tenía el señor Don Juan orden de S. M. de darme en estas cosas crédito (…)

Y sigue:

En Mesina, cuando se trató de esta materia en los consejos particulares de los Ministros de Su Majestad, yo fui el primer voto, con muchas razones persuadí que se fuese a buscar la armada del turco y se pelease con ella, y lo mismo dije al Señor Don Juan (…)51.

Tampoco caben dudas del arrojo de algunos nobles catalanes presentes en aquella jornada. El primero que citamos es Guillem de Santcliment, el hombre más próximo del círculo de personalidades de Requesens. Como la mayoría de la nobleza catalana Santcliment no provenía de una familia sustancialmente rica ni con títulos especialmente importantes; sin embargo, su linaje fue suficiente para acceder al servicio de Requesens lo que le confirió multitud de cargos destacados, como el de embajador de la ciudad imperial de Praga. La estrecha relación de Santcliment con Requesens le llevó a prácticamente todos los escenarios de donde hay noticia del Comendador Mayor [véase imagen 7]. Le encontramos en las Alpujarras, Lepanto, Milán y Flandes y, de hecho, fue el que conservaría parte de la documentación de Requesens una vez éste muriera de enfermedad en Flandes, el 157652.

Imagen 7. Grabado de Guillem de Santcliment. Probablemente en su etapa en los Países Bajos. (https://castellinterior.com/2017/09/18/guillem-de-santcliment-i-les-carmelites-descalces/).

Otro personaje próximo a Requesens era Alexandre Torrelles, hermano del también presente en la batalla, Joan Torrelles. Alexandre era conocido por ser un gran marino y muy habilidoso en el combate cuerpo a cuerpo. Una de las razones por las que no queda claro si Requesens gobernó la nave Capitana o, por el contrario, estuvo dirigiendo la batalla desde la galera Real, es precisamente porque Torrelles combatió en la nave Capitana y parecería extraño que Juan de Austria desaprovechara la pericia marinera del catalán, no otorgándole el mando de la nave donde luchó. Requesens le tenía en alta estima, sobre todo, por el alto grado de lealtad que le profesaba y, en una minuta desde Milán, vemos la intención de Requesens de recompensar el buen servicio de Torrelles: “Yten a don Alexandre Torrelles que aunque agora no viene conmigo se crió en mi casa, mando que se le den trezientos ducados por una vez en señal de la bona voluntad que le tengo”53.

Otro catalán destacado en la jornada de Lepanto, aunque éste no fuera tan próximo a Requesens, fue Miquel de Montcada, señor de Villamarchante. Hay menos referencias a este noble afincado en Valencia, aunque si por algo es conocido, es por mandar el tercio en el que sirvió Miguel de Cervantes54.

Enrich de Cardona fue uno de los personajes más valientes de la batalla. Luchó en la nave capitaneada por su primo, Joan de Cardona, quien dirigía la escuadra de 11 galeras que encontró a la flota otomana en Lepanto. Joan de Cardona descendía de la rama troncal de los Cardona, pero por razones de servicio a la Monarquía, estaba afincado en Nápoles. El cénit de su carrera lo viviría en Navarra donde consiguió el puesto de virrey, siendo uno de los catalanes más destacados de su tiempo. Según Jurado, Juan de Austria, en una carta dirigida a su hermanastro en la que refiere las penalidades sufridas por causa de un deficiente avituallamiento, cita a Juan Andrea Doria, a Don Álvaro de Bazán, a Don Gil de Andrade y al propio Don Juan de Cardona, en igualdad de condiciones55.

Encontraríamos a muchos más, como Bernat de Marimón, señor del castillo de Marçal, el cual moriría en la jornada de Lepanto. Ramón Calders de Segur, señor de Segur, quien seguramente tampoco sobrevivió. Dimas de Boixadors, señor de Savallà, sirvió también en la nave Capitana y después de Lepanto se le pierde la pista. Otro destacado fue Galcerán de Cardona, el cual sirvió en Lepanto, en la jornada de Malta de 1565 y en las posteriores desventuras de la Santa Liga…56

Terminado el embate naval, el júbilo en las capitales mediterráneas tardó lo que se demoraron las noticias y las fiestas duraron días. Tuvo que transcurrir más de un siglo para nombrar la batalla de Lepanto como tal, pues durante esos años se la conoció como “la batalla del mar”, [véase imagen 8] como si no hubiera habido otra57.

Imagen 8. Reproducción del plafón de baldosas de cerámica que se conserva en la Capilla de Nuestra Señora del Roser (s. XVII), localizada en Valls (Alt Camp, Tarragona). Copia de la Original realizada por Juan Baptista Guivernau. (Museu Marítim de Barcelona. Foto: Ramon Bosch).

Tampoco tardaron las muestras de agradecimiento y de éxtasis de muchos de los implicados en la contienda. El cardenal Francisco Pacheco de Toledo, escribió esta carta a Requesens desde Roma el 26 de octubre de 1571:

No hay palabras con que poder encarecer la victoria que nuestro señor ha sido servido de darnos, pues apenas lo acaba de comprender el juicio humano. Aquí estamos locos de júbilo y el primero el Papa que sin encarecimiento pensamos que se nos muriera de alegría, porque no dormía ya el santo padre ya dos noches, y va, expedido esto, muy bueno y echando cien mil bendiciones a d. Juan y al Comendador Mayor, y con gran razón, pues sus vigilias sudores y trabajos han parido este felicísimo suceso. Del cual me alegro con vuestra excelencia una y cien mil veces58.

Sin embargo, el mayor reconocimiento no vendría del Pontífice sino de Felipe II, sobre todo, porque además de la gratitud del soberano, podía suponer el otorgamiento de algún título nobiliario; incluso esperaba Requesens, el título de Grandeza de España:

D. Luis de Requeséns, Comendador Mayor de Castilla, del nuestro Consejo de Estado, Lugarteniente General del mar (…) Las cartas que me trajeron vuestras, me sacaron del cuidado en el que estaba por haber tenido el aviso de la victoria que Nº Señor había sido servido de dar a nuestra Armada contra la del enemigo, y no tener aviso dello de mi hermano o vuestro. Después ha llegado Don Lope de Figueroa, del cual he entendido las particularidades de todo; que a mi me tiene y deja con tanto contento, que no lo podré encarescer; por que verdaderamente se ha hecho un negocio muy grande y de mucho servício y honra de nuestro Señor, y de no menos beneficio de la cristiandad, y de gran contento y consuelo para toda ella. Y lo que vos habéis hecho en esta jornada y puesto de trabajo y cuidado, entiendo que debe haber sido una gran parte deste buen suceso; y así os doy muchas gracias por ello. No es nuevo para mí que vos hayáis hecho en este negocio lo que siempre soléis en mi servicio, y así os doy muchas gracias por ello. Yo el Rey59.

Lo cierto es que tal hazaña no le valió el título de Grande, sin embargo, la repentina muerte del Duque de Alburquerque, le valió el puesto de gobernador del Milanesado, cargo que, por otro lado, acogió con ciertas reticencias dada la lejanía del puesto de sus dominios y de su familia, afincados en Cataluña60. Mas en 1573 seria relegado de su puesto en el Milanesado para ocupar la peligrosa e ingrata vacante que había dejado el duque de Alba en Flandes. El nuevo cargo de gobernador de los Países Bajos, aunque importante, fue siempre el más complejo y peligroso de cuantos había en el Imperio de los Habsburgo y, de hecho, en tal puesto, Requesens se encontraría con grandes dificultades y finalmente con la muerte en 1576.

■ CONCLUSIONES

Con la finalización del concilio de Trento, lealtad y religión empezaron a confundirse y se volvieron conceptos inseparables que dotaron a la monarquía de rasgos políticos confesionales importantes para la homogeneización de la sociedad. Los debates religiosos disminuyeron, porque las premisas religiosas aceptadas fueron cada vez más intransigentes e intolerantes. Por lo tanto, cuando estalló la revuelta calvinista en Flandes, el rey mandó al duque de Alba con órdenes expresas de sofocarla con dureza. Pero para la rebelión de las Alpujarras el rey apenas contaba con efectivos, pues los tercios del duque estaban ocupados en la insurrección holandesa. Las tropas de Juan de Austria y de Luis de Requesens se nutrieron esencialmente de catalanes y valencianos, los cuales lucharon en una de las guerras más crudas de la época. Los catalanes y valencianos salidos de la guerra de Granada fueron inmediatamente enviados a formar el contingente de las galeras para enfrentar-se a los turcos. Luis de Requesens, su séquito nobiliario —Guillem de Sant Climent, Alexandre Torrellas, Dimas de Boixadors, etc.— y los soldados que formaban los tercios, que mandaba el Comendador Mayor, no serían una excepción.

Autores como Nuria Sales han postulado la escasa colaboración catalana con la Monarquía Hispánica del siglo XVI61, sin embargo, numerosas fuentes primarias y bibliográficas apuntan lo contrario.

"Estas gentes son muy leales a Su Majestad y merecen, por ello, toda confianza; aunque a veces me parecen más volubles que ninguna otra nación que haya conocido". Dice Lynch, que esta carta del castellano Manrique de Lara junto a su aceptación como virrey de Cataluña entre otros tantos como: García de Toledo o Diego Hurtado de Mendoza, indican el grado de armonía existente entre Felipe II y sus súbditos levantinos62.

La alta participación del Principado en esta historia, contrariamente a la actitud que había mostrado otras veces, se debió a los enormes problemas que los turcos y los berberiscos ocasionaban en el litoral catalán. Ante unas décadas tan tensas como las que vivieron las localidades de la costa, Cataluña vio en la empresa del Papa una salida a su situación.

Se ha dicho que la batalla de Lepanto no supuso ningún cambio. Al año siguiente el Imperio Otomano había conseguido rehacer su armada, incluso, con mayores capacidades que la que había perdido en Lepanto. Sin embargo, creemos que fue un punto de inflexión. Los otomanos no habían recibido un revés igual en toda su historia, y por lo tanto jamás iban a plantearse proyectos tan expeditivos. A partir de octubre de 1571, por lo general, no se detecta el miedo que suscitaban los turcos años antes. Nadie ve posible ya un desembarco a gran escala en los territorios de la Monarquía Hispánica. Además, la derrota dio alas a sus adversarios más próximos: rusos y persas, los cuales se enfrentaron a los osmanlíes durante buena parte del siglo XVII. Por el contrario, las noticias de victoria hicieron que en Cataluña se llevaran a cabo grandes festejos, por lo que sí tuvo una gran importancia para la mentalidad catalana y cristiana en general. El Imperio Otomano tomó conciencia de que podía perder contra los cristianos, mientras que éstos tomaron conciencia de que podían vencer a los osmanlíes. Se había superado un verdadero complejo de inferioridad a expensas de un coloso mediterráneo, que iniciaría una larga etapa de decadencia.

Por lo que a la casa Requesens se refiere, no se distinguió por pertenecer a la gran nobleza hispánica; sin embargo, el hecho de que los padres de Luis de Requesens hubieran ejercido de ayos del futuro rey, dio la posibilidad al Comendador Mayor de ser un personaje cercano a Felipe II, cultivando una amistad y una lealtad pocas veces vista en la corte hispánica. Tal amistad, y no la altura de sus títulos, le valieron cargos de inmensa responsabilidad.

Gracias a Requesens y a su numeroso séquito catalán, además de otros nobles de renombre como Juan de Cardona, y por lo expuesto sobre la guerra de las Alpujarras, podemos intuir que el número de catalanes que lucharon en la batalla de Lepanto fue muy alto. Como se ha comentado en el artículo, la documentación, muestra multitud de levas en Cataluña, así como transportes masivos de condenados a galeras en Barcelona.

Podemos decir que pese a la falta de salud y reticencia para ejercer según que cargos, Requesens fue el catalán más importante de la Monarquía Hispánica en términos de responsabilidad, de toda la edad Moderna, pues se presenta como uno de los mayores colaboradores del rey y como un personaje con el más alto grado de influencia, comparable al duque de Alba, Ruy Gómez, Antonio Pérez o el Cardenal Espinosa, siendo la autoridad hispánica del siglo XVI, hegemónica en Europa.

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■ NOTAS

1. Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, tomo II, (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2018), 20.

2. Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, tomo II, 23-25.

3. Gonçal Artur López Nadal, “El corsarismo en el Mediterráneo 1516-1830”, Las sociedades ibéricas y el mar a finales del siglo XVI, Vol. 3: El área del Mediterráneo, (Lisboa: Sociedad Estatal Lisboa '98, 1998), 21-22.

4. José Luís Casado Soto, “Política naval y tecnología en el mundo mediterráneo”, en: Historia militar de España: Edad Moderna, Ultramar y Marina, Co. Hugo O’donnell y Duque de Estrada, (España: Laberinto, 2012), 287.

5. Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, tomo II, 269.

6. Joan Reglà, Felipe II y Cataluña, (Madrid: Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000),72.

7. Reglà, Felipe II y Cataluña, 70.

8. Sylvia Lagarda-Mata, Catalunya terra de pirates. Recull de fets històrics i llegendes, (Barcelona: Angle editorial, 2021), 74-76.

9. ACA, Diversos y Colecciones Leg. 4353. F.129.

10. Agustín R. Rodríguez, Corsarios Españoles. (Madrid: Edaf, 2020), 38.

11. Hugh Thomas, El señor del mundo: Felipe II y su imperio, (Barcelona: Planeta, 2014), 24

12. Thomas, El señor del mundo, 25.

13. Pelayo Negre Pastell, “El linaje de Requesens.” Annals de l'Institut d'Estudis Gironins, Vol.10 (1955),77.

14. John H. Elliott, España y su mundo 1500-1700, (Barcelona, Taurus, 2019), 116.

15. Thomas, El señor del mundo, 26.

16. Carlos Martínez-Valverde, Enciclopedia General del Mar, (Madrid, Garriga 1957).

17. ANC. Fons del Palau. UC-684, doc. 4.

18. En este sentido, Lynch expone que la abrupta expansión del Imperio Otomano imposibilitó una coexistencia entre cristianos y moriscos, pues el miedo a los osmanlíes provocó un rechazo a la población mora peninsular. Véase: John Lynch, Los Austrias 1516-1700. (Barcelona: crítica, 2019), 261-267.

19. Pablo Rojo Platero, “La cabalgata de Frigiliana: Las milicias y tropas de Vélez-Málaga contra los moriscos de la Axarquía”. La rebelión de los moriscos del reino de Granada y la guerra en época de los Austrias: Estudios para un debate abierto. (Granada: Editorial Universidad de Granada, 2020), 299-300.

20. En lo que a la entrada de hugonotes se refiere Alfredo Chamorro apunta los primeros indicios de degradación de las relaciones entre la Monarquía hispánica y el principado de Cataluña. Véase: Alfredo Chamorro, Barcelona y el Rey: las visitas reales de Fernando el Católico a Felipe V. (Barcelona: La tempestad, 2017), 64-65.

21. Geoffrey Parker, Felipe II. (Madrid: Alianza, 1984), 122.

22. Para este tema véase: Geoffrey Parker, El ejército de Flandes y el Camino Español 1567-1659. (Madrid: Alianza Editorial, 2019).

23. Reglà, Felipe II y Cataluña,79.

24. Reglà, Felipe II y Cataluña.78.

25. Reglà, Felipe II y Cataluña.78.

26. ACA. DACB. V.86.

27. Víctor Joaquín Jurado Riba, “La nobleza catalana en Lepanto. Una aproximación desde la galera capitana de Luis de Requesens”. Nuevas perspectivas de investigación en Historia Moderna: Economía, Sociedad, Política y Cultura en el Mundo Hispánico. (Fundación Española de Historia Moderna. Universitat de Barcelona: 2018), 603-613

28. Víctor Joaquín Jurado Riba, “La guerra de las Alpujarras en la biografía de don Luis de Requesens: el punto de inflexión de una carrera al servicio de la monarquía”. La rebelión de los moriscos del reino de Granada y la guerra en época de los Austrias: Estudios para un debate abierto. (Granada: Editorial Universidad de Granada, 2020), 72.

29. Jurado, “La guerra de las Alpujarras en la biografía de don Luis de Requesens: el punto de inflexión de una carrera al servicio de la monarquía”, 72.

30. Don Juan de Austria a Ruy Gómez, 5 de noviembre de 1570 en: Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, tomo II, 562.

31. Dedicatoria especial de Miguel de Cervantes a los soldados de Lepanto. Léase Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, capitulo 38.

32. Entiéndase como una exacerbación de los mandos militares.

33. Emilia Salvador Esteban, “Las Guerras en la Europa de Felipe II (1559-1598)” en: Historia Moderna Universal, Co. Alfredo Floristán, (Barcelona: Ariel, 2020), 231.

34. Léase el artículo de: Eloy Martín Corrales, “De cómo el comercio se impuso a la razzia en las relaciones hispano-musulmanas en tiempos del Quijote: hacia la normalización del comercio con el norte de África y el levante otomano a caballo de los siglos XVI Y XVII”. Revista de Historia Económica Año XXIII 2005 n. extra, (Universidad Carlos III de Madrid. Instituto Laureano Figuerola: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales), 139-159

35. Beatriz Alonso Acero, “Defensa del Mediterráneo: escenarios, objetivos y estrategias” en: Historia militar de España: Edad Moderna, Ultramar y Marina, Co. Hugo O’donnell y Duque de Estrada, (España: Laberinto, 2012), 239.

36. Manuel Rivero Rodríguez, La batalla de Lepanto. Cruzada, guerra santa e identidad confesional. (Madrid: Sílex Ediciones, 2008), 153-154.

37. AGS. EST,Leg,1401,192.

38. Rivero Rodriguez, La batalla de Lepanto, 142.

39. E Miralles, “Muses i Fama: notes per a la lectura del Lepant de Joan Pujol.” En E. Miralles & J. Malé eds. Formes modernes de l’èpica (del segle XVI al segle XX). (Santa Coloma de Queralt: Obrador Edèndum, 2008), 11-38.

40. Rivero Rodríguez, La batalla de Lepanto. 143.

41. AGS. EST,Leg,1401, fol.191.

42. Idris Bostan, “Lepanto en la visión otomana”, Desperta Ferro Historia Moderna Nº 6. (2012): 30-34.

43. Agustín Ramón Rodríguez Fernández, “Lepanto, La batalla”. Desperta Ferro Historia Moderna Nº 6, (2012): 35-39.

44. Alejandro Anca Alamillo, “Don Juan de Austria y Don Luis de Requesens: Un binomio de éxito no siempre bien avenido”. 450 aniversario de la batalla de Lepanto. Revista General de Marina, Vol. 281, Número 7 (Ministerio de Defensa. 2021), 299-308.

45. Martín Fernández Navarrete, Miguel Salvà y Pedro Sainz de Baranda, Colección de documentos inéditos para la historia de España. Tomo. III, (Madrid: Imprenta de la Viuda de Calero, 1843), 194.

46. Rivero, La batalla de Lepanto, 156.

47. José María Blanco Núñez, “El combate naval: táctica, buques, mando y organización”, en: Historia militar de España: Edad Moderna, Ultramar y Marina, Co. Hugo O’donnell y Duque de Estrada, (España: Laberinto, 2012),338-340. Además, en la Jornada Histórica de La Armada 2021, Lepanto, celebrada en el Museu Marítim de Barcelona, el almirante Juan Rodríguez Garat insiste en la importancia de este hecho.

48. Rodríguez, “Lepanto, La batalla.”, 35-39.

49. Jurado, “La nobleza catalana en Lepanto.”, Pag. 603-613.

50. Jurado, “La nobleza catalana en Lepanto”, Pag. 603-613.

51. ANC. APR, fam. Requesens., UC-685. doc. 2. Carta de Luis de Requesens a Pedro Fajardo.

52. Jurado, “La nobleza catalana en Lepanto”, 603-613.

53. ANC, APR, fam. Requesens, UC-94, doc. 1.

54. Ferran Soldevila, Història de Catalunya. Vol. II. (Barcelona: Alpha, 1962), 118.

55. Jurado, “La nobleza catalana en Lepanto”, Pag. 603-613.

56. Véase: Soldevila, Història de Catalunya. Vol. II.

57. Rivero, La batalla de Lepanto, 197-198.

58. ANC. Fons del Palau leg.37, nº1.

59. Fernández Navarrete, Salvà y Sainz de Baranda, Colección de documentos inéditos para la historia de España, 238.

60. Véase: March, Don Luis de Requesens en el gobierno de Milán, 51-81.

61. Nuria Sales, Els segles de la decadencia (segles XVI-XVIII). (Barcelona: Rústica, 2002).

62. Lynch, Los Austrias 1516-1700, 259