Reportatge

Las Baleares frente al corso. La defensa de un archipiélago en el Mediterráneo del siglo XVI

Andreu Seguí Beltrán*

Universitat de les Illes Balears

DOI: https://doi.org/10.512829/Drassana.28.636

En l’àmbit mediterrani, el segle XVI va estar marcat per les hostilitats entre la monarquia hispànica i l’Imperi otomà, i les Balears no en van restar al marge. L’autor analitza l’activitat corsària a les illes, els sistemes defensius, la seva efectivitat i evolució, i quina va ser la contribució de la Corona a aquesta defensa. Aquest treball es el guanyador del XX Premi de Recerca Ricart i Giralt.

■ RESUMEN

La historiografía sostiene la idea de un azote corsario musulmán incesante contra el litoral de la Monarquía hispánica durante el siglo XVI. Un estudio centrado en Baleares propone matizar esta visión, y destaca que la verdadera amenaza fue un pequeño corso que no fue constante ni tampoco incontestable. Las islas no respondieron conjuntamente a esta amenaza, pero sí mejoraron sus defensas según la estrategia defensiva hispana, reforzando, con el apoyo de la Corona, los mecanismos tradicionales con elementos artillados y fortificados, por lo que triunfó un planteamiento terrestre, pero no exclusivamente estático. Las defensas fueron más efectivas de lo que se ha admitido y forzaron a los atacantes a retirarse en muchas ocasiones. Pero tampoco fueron infalibles, puesto que los corsarios capturaron a numerosos isleños.

Palabras clave: corso, defensa, cautivos, Monarquía hispánica, Baleares.

The Balearic Islands facing privateering. The defense of the Archipelago in the sixteenth century Mediterranean

■ ABSTRACT

Historians tend to defend the idea of a permanent Muslim corsair activity against the Spanish coast in the 16th century. A case study focused on the Balearic Islands suggests a new approach. It considers micro corsair activity as the main threat, but neither constant nor unstoppable. The islands did not respond to this threat together, although they improve their defences according to the Spanish defensive strategy. They reinforced their defences with artillery and fortifications following a defensive land model, but not a purely static one. These defences were more effective than historians thought because they forced the enemy to retreat on several occasions. But they also failed and, therefore, the corsairs captured many islanders.

Keywords: corsair activity, defence, captives, Spanish Monarchy, Balearic Islands.

■ INTRODUCCIÓN

La guerra entre el Imperio otomano y la Monarquía hispánica determinó en buena medida la historia del Mediterráneo del siglo XVI. Las dos potencias emergieron y se desarrollaron de forma casi paralela entre finales del cuatrocientos y principios del quinientos1. El enfrentamiento directo entre los dos imperios en el mar interior no empezó hasta la década de 1530. Su objetivo era dominar el centro mediterráneo, concretamente el triángulo que formaban la costa tunecina y las islas de Sicilia y Malta. Sus armadas combatieron entre sí en muy pocas ocasiones, ya que centraron sus esfuerzos en conquistar puntos estratégicos en la costa norteafricana2. La Monarquía hispánica levantó presidios en las plazas ocupadas y firmó acuerdos con poderes magrebíes, pero no pudo evitar que casi todo ese litoral cayera en manos otomanas a mediados de la centuria3.

Las hostilidades se extendieron al resto del Mediterráneo, y fueron especialmente intensas en la cuenca occidental. Las razias de la armada otomana y de las grandes escuadras corsarias no buscaban controlar las costas ibéricas e italianas. Su meta era desgastar al rival y obligarle a defender sus territorios, reduciendo de este modo su capacidad para atacar o responder en el litoral magrebí4. La depredación marítima no se limitó a la guerra corsaria que practicaban las principales fuerzas navales musulmanas, sino que la modalidad más frecuente fue el pequeño corso ejercido de forma tradicional en los puertos norteafricanos, con expediciones más breves y buques de menores dimensiones5. Los gobernantes lo promovieron para reducir el coste de la contienda naval y conseguir efectivos adicionales para sus armadas6.

La guerra hispano-otomana es un ejemplo perfecto de la actuación paralela del pequeño y del gran corso, y de la complementariedad de las iniciativas navales públicas y privadas. La historiografía, basándose en crónicas y dietarios locales, ha presentado el siglo XVI como un período de agresiones corsarias musulmanas constantes contra el litoral hispano, con sus habitantes viviendo siempre con el temor a ser capturados. Dicha valoración pierde peso al examinar las noticias en su conjunto. Las referencias son tan numerosas como dispersas e imprecisas, variando incluso sustancialmente entre un autor y otro en factores como el número de atacantes o su identidad, y utilizan expresiones propias de la documentación (“muchos cautivos”) que revelan la falta de una crítica de las fuentes en las que se basan7. El resultado es la persistencia de la imagen de un asedio corsario incesante, donde solo caben los grandes acontecimientos, y se pierden de vista los innumerables episodios de menor resonancia, que solo han dejado huella en los archivos locales8.

La defensa de las costas ibéricas e italianas frente a las razias musulmanas también se planteó según un criterio estático. Su desarrollo fue discontinuo, ya que se concentró en los momentos de actividad de las grandes fuerzas navales musulmanas, especialmente en la década de 1550, de forma paralela a la ofensiva osmanlí en el norte de África, y este desarrollo se ralentizó cuando pasó la amenaza. Las medidas defensivas casi siempre se enfocaron a reforzar determinados puntos, hasta que se configuraron planes globales a partir de la década de 1560. Sin embargo, su coste y los desencuentros con las instituciones regionales obligaron a aplicarlos parcialmente y a dar prioridad a los aspectos más urgentes9.

La idea del azote corsario permanente va ligada a la de la ineficacia de las defensas que se desarrollaron durante la guerra contra el Imperio otomano. A lo largo del conflicto, la Corona asumió progresivamente la coordinación del refuerzo de los distintos sistemas defensivos. El debate sobre el carácter marítimo o terrestre de la defensa, que no dinámico o estático, se resolvió a favor de la segunda opción. En consecuencia, se priorizó el refuerzo de los territorios con fortificaciones abaluartadas, torres y fortalezas artilladas, relegando a un segundo plano otros aspectos como las guarniciones profesionales, las milicias locales y la vigilancia costera10.

Un examen detenido de la bibliografía permite apreciar que los asedios contra localidades amuralladas fueron muy escasos. La mayoría de las razias se dirigieron contra villas costeras escasamente protegidas y, aun así, hubo asaltos en los que los musulmanes tuvieron que retirarse o fueron parcialmente vencidos y capturados en combate por las milicias locales. Por ello, dentro del conjunto, los ataques con elevado número de cautivos cristianos parece que fueron muy escasos11. Asimismo, al buscar el origen de los “presos en tierra de moros”, la mayoría de los que no fueron apresados cerca de los presidios norteafricanos procedían de las razias y los asaltos marítimos que el pequeño corso realizaba en lugares concretos, a modo de aguijonazos, para después conducir sus botines al norte de África, especialmente al puerto de Argel12 (imagen 4).

La consolidación de la frontera hispano-otomana en el centro del mar interior demostró la incapacidad de ambos imperios para sobreponerse al rival, en una lucha que cada vez consumía más recursos y reportaba menos beneficios. La firma de una tregua, en 1580, formalizó el cese de la guerra oficial y permitió que ambos bandos redujeran su presencia en el Mediterráneo para centrarse en otros asuntos y en frentes más apremiantes13. El acuerdo terminó con las hostilidades a gran escala, pero no con la crónica lucha corsaria. Paralelamente, entraron nuevos actores en escena, en el marco de la llamada Northern Invasion, que incrementó la complejidad de las relaciones mediterráneas, y el mar Blanco se convirtió en un espacio de confrontación general, paralelo a las hostilidades en otros frentes14.

Las islas Baleares constituyen un caso muy claro de la problemática de cómo se ha analizado el corso musulmán y la defensa de la costa hispana durante la edad moderna. Las crónicas locales del siglo XVII y las descripciones del archipiélago en el siglo XVIII introdujeron expresiones como: “infestan el reino los moros”, obligando a la población insular a defenderse valerosamente de sus ataques15. La historiografía decimonónica cambió los términos, pero mantuvo la esencia del argumento. La plaga de los ataques corsarios dio paso a la pesadilla de un ataque de la armada otomana, con apoyo francés, contra la Ciudad de Mallorca, la actual Palma, mientras el pequeño corso norteafricano atacaba continuamente las desprotegidas costas mallorquinas, sumiendo a sus habitantes en el cautiverio16. La historiografía del siglo XX continuó defendiendo que el archipiélago vivió “la pesadilla de un insistente asedio” y fue “objetivo preferente de las depredaciones corsarias”17. Algunos trabajos mantienen esta idea en la actualidad, junto a la de la ineficacia de las defensas, y afirman que la Corona no apoyó a las islas, ni tampoco a Cataluña y Valencia, pues consideraban que el corso era un asunto doméstico, secundario e irrelevante desde el punto de vista político18.

Imagen 1. Hayreddín Barbarroja.
(https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Barbarossa_Hayreddin_Pasha.jpg)

Semejantes argumentos también han perdurado en la historiografía, por el hecho de que ha persistido una imagen mítica de las relaciones del archipiélago con los vecinos territorios musulmanes, fuertemente arraigada en el sustrato folklórico local. Las Baleares cuentan con numerosos relatos que narran las heroicidades y las adversidades de la población local para evitar que los norteafricanos robaran sus bienes y secuestraran a sus familias. La misma imagen se ha perpetuado en las festividades locales, donde se recrean algunos desembarcos corsarios del siglo XVI, en que los atacantes llegaron a la localidad guiados por un traidor y fueron expulsados después por la población. Aparte del ámbito festivo, contamos con obras de teatro y formatos más actuales, como los musicales y el cómic. En el ámbito pictórico, cabe destacar los exvotos conservados, que ilustran la devoción hacia ciertas advocaciones para solicitar y agradecer su asistencia en sucesos como el asalto contra la villa de Andratx en 1578.

■ DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO

El objetivo del proyecto es estudiar la evolución del sistema defensivo de las islas Baleares y su adaptación a la guerra moderna entre 1480 y 1580, en un Mediterráneo marcado por las hostilidades hispano-otomanas. La cronología arranca con el desarrollo de las dos potencias en liza y termina con la tregua que puso fin a su disputa oficial. El propósito señalado exige plantear seis objetivos más específicos, que resumimos a continuación.

El primero, determinar la importancia del archipiélago balear en la navegación corsaria por el mar interior. La historiografía defiende la continua presencia de los corsarios musulmanes en las aguas isleñas. En consecuencia, cabe preguntarse cuál fue la actividad corsaria en las Baleares y cuáles eran las rutas que seguían al surcar sus aguas o dirigirse a otros territorios.

El segundo, analizar la evolución de la actividad corsaria, para apreciar si la amenaza corsaria fue tan constante e insistente como se ha afirmado. El objetivo aquí no se limitará a buscar cambios cuantitativos, sino que también incluirá variaciones cualitativas, como el tipo de escuadras utilizadas o las víctimas de sus ataques.

El tercero, ponderar la importancia de las islas Baleares dentro de los territorios mediterráneos hispanos. Algunos historiadores reprochan a la Corona la escasa atención que prestó a su defensa contra los ataques corsarios. Teniendo presente la enorme extensión de sus dominios, cabe preguntarse acerca de la relevancia del archipiélago para la política mediterránea del rey católico19.

El cuarto, examinar la transformación del sistema defensivo. La defensa tradicional se basaba en la vigilancia costera y la movilización de hombres armados. En este sentido, cabe preguntarse sobre cómo se adaptó a la amenaza detectada y qué mejoras introdujeron cuando se plantearon la posibilidad de desembarcos de mayor envergadura. En todo este proceso, hay que fijarse tanto en la participación de las universidades isleñas y locales, que detentaban el gobierno local, como en la implicación de la Corona.

El quinto, valorar la efectividad de las defensas en la reducción de los ataques contra la navegación y las poblaciones del litoral isleño. La tesis tradicional que venimos criticando, de un asedio corsario constante e incontestable por parte de las defensas marítimas y costeras, tuvo como consecuencia la captura de un gran número de habitantes de los dominios hispanos, en este caso de las Baleares. Lo primero que debemos preguntarnos, en este caso, es cuántos cautivos y embarcaciones apresaron los corsarios. Después debemos examinar bajo qué circunstancias y con qué frecuencia se produjeron las capturas de grandes contingentes de personas. Finalmente, cabe considerar las ocasiones en las que la respuesta defensiva fue efectiva y obligó al enemigo a retirarse y, algunas veces, incluso permitió capturarlo.

El sexto y último, determinar la existencia de un sistema defensivo balear o si, por el contrario, como ha apuntado González de Chaves, la defensa del archipiélago se planteó según la situación de cada isla y se establecieron varios sistemas defensivos que cooperaban escasamente entre ellos. El citado autor lo tacha de estrategia “insolidaria”, en la que primaba prevenir ataques contra lugares puntuales de cada isla20. Deyá también ha destacado la debilidad de los mecanismos interinsulares21. En consecuencia, es muy importante considerar la naturaleza general o específica del aparato defensivo, ya que permitirá comprender mejor muchas de las medidas para proteger las aguas y el litoral insular. Paralelamente, también habrá que ver la integración del archipiélago dentro del sistema defensivo de los dominios mediterráneos en general.

Resolver estas seis cuestiones nos aportará una visión de conjunto de cuál fue la amenaza contra las Baleares, cómo se respondió para reducir sus efectos en la medida de lo posible y cuál fue la efectividad de las medidas que se tomaron. Para ello, recurriremos tanto a una abundante bibliografía como a la documentación que se conserva en archivos de carácter estatal, regional y local. El recurso a fuentes documentales tan variadas permite estudiar todo el archipiélago y no cada isla por separado. El estudio se realizará sobre la base de los conceptos y métodos que se indican a continuación.

Analizar la navegación corsaria en un espacio determinado debe comenzar por su delimitación. Para ello, utilizamos el concepto de mar territorial que formulan, por ejemplo, los Usatges de Barcelona22. Entenderemos como tal la extensión de mar controlada visualmente desde tierra, concretamente desde los puestos de vigilancia costera. Los sistemas de información geográfica (SIG) nos permiten determinar el alcance de esta franja marítima y calcular la visibilidad teórica acumulada de los puntos de vigilancia (imagen 3). Su representación cartográfica nos indicará la extensión de mar controlada desde la orilla y que se consideraba como propia, lo que constituía el espacio a proteger dentro del margen que las instituciones baleares tenían para actuar. Su capacidad disminuía cuando las embarcaciones salían del alcance visual de los centinelas y se adentraban en alta mar.

Una vez delimitado el espacio marítimo balear, los SIG también nos permitirán trazar las rutas de navegación corsaria a partir de la información que proporciona la documentación. Asimismo, buscaremos sus elementos condicionantes estudiando las condiciones del terreno y, concretamente, qué calas del litoral isleño servían como lugar de desembarco y de aguada, así como la distribución de las poblaciones respecto a la orilla. Para ello, además de las fuentes documentales, utilizaremos trabajos históricos y geográficos de la época estudiada, otros posteriores y cartas náuticas actuales. Todo ello, junto a la suma de los ataques y los avistamientos corsarios registrados en cada lugar, permitirá trazar las principales áreas de riesgo para la navegación y la seguridad de las poblaciones baleares.

La evolución del corso musulmán y cristiano contra las Baleares se analizará a partir de una base de datos de los sucesos recogidos en las fuentes. Autores como Planas han señalado la necesidad de hacer un registro de estas características, dado el riesgo de continuar valorando el corso contra las islas según una imagen semilegendaria, arraigada en el folklore y las crónicas locales23. No se trata de una metodología novedosa. Mollat ya la propuso para estudiar la depredación marítima, y se ha utilizado en varios trabajos sobre el caso valenciano24. La diferencia es que no la utilizaremos para distinguir entre corso y piratería, sino para valorar la magnitud de la amenaza corsaria. Tampoco nos limitaremos a una sola fuente, ni resumirá simplemente los sucesos que se recogen en las crónicas locales. La base de datos se utilizará para vaciar sistemáticamente la información que proporcionan las noticias en un formulario elaborado con MySQL.

El trabajo continuará desarrollándose según un criterio geocronológico para situar los acontecimientos en el lugar y el momento en el que se produjeron. Asociar cada noticia a unas coordenadas determinadas permitirá trazar las rutas de navegación corsaria, mientras que su datación proporcionará las estadísticas necesarias para valorar parámetros como la estacionalidad del corso. La clasificación de los sucesos como ataques o avistamientos, cuya suma proporciona lo que venimos denominando actividad corsaria, es otra variable fundamental de la base de datos. Díaz ya utilizó la categoría avistamiento en su estudio del caso valenciano entre finales del siglo XV y principios del XVI25. Entra en ella la detección de naves enemigas o desembarco de efectivos hostiles pero que no terminaron en ataque. Su presencia no tenía por qué terminar con una agresión, aunque sí incrementaba las posibilidades de que se produjera y aumentaba el riesgo para la navegación y las poblaciones cercanas a la orilla. En cambio, la categoría ataque recoge las ocasiones en que sí hubo una agresión por parte de los corsarios. Para valorar mejor la materialización de la amenaza corsaria, dividimos los ataques en tres subcategorías, según un criterio geográfico, y distinguimos entre ataques marítimos y terrestres. Entre estos últimos diferenciamos, además, entre costeros e interiores, según si se produjeron a menos o a más de 3 km de la costa, respectivamente. De esta forma, podremos situar el ámbito de la actuación enemiga y delimitar zonas en función de la posibilidad de ser atacadas. Para determinar la capacidad de las flotillas también hemos establecido campos para el tipo y el número de buques de las escuadras enemigas, así como los efectivos que desembarcaron26. Finalmente, incluimos campos para las bajas en términos de heridos, muertos y cautivos de cada bando, así como las embarcaciones apresadas y escapadas. Posteriormente, trataremos los datos obtenidos utilizando el lenguaje de análisis estadístico R.

Valorar la importancia de las Baleares dentro de los dominios mediterráneos de la Monarquía hispánica, así como el interés de la Corona en contribuir a su defensa, exige examinar el papel del archipiélago en la política hispana en el mar interior considerando tres aspectos. El primero es su contribución a la conquista de ciudades norteafricanas. Analizaremos cómo cambió la contribución logística de las islas según el objetivo de cada empresa, qué medidas se adoptaron para atender las demandas de los contingentes y cómo se resolvieron los problemas que surgieron27. El segundo es la contribución del archipiélago balear a mantener la presencia hispana en el norte de África. En este sentido, cabe examinar su aportación a la construcción, la reparación y la dotación de los presidios, comparando su implicación con la de Cartagena o Málaga28. Mantener esa presencia en el Magreb también pasaba por entablar relaciones cordiales con las dinastías que se oponían a la expansión otomana29. El tercer aspecto a considerar es la situación del archipiélago dentro de la extensa red de información que la Monarquía hispánica mantenía en el Mediterráneo30. Para ello, examinaremos la recopilación y el intercambio de noticias por parte de Baleares con los territorios cercanos.

Imagen 2. Torre de cala Figuera.
(Foto: Andreu Seguí Beltrán)

Imagen 3. Control visual de Cabrera desde la torre de cala
Figuera. (Foto: Andreu Seguí Beltrán)

El sistema defensivo se estudiará analizando la evolución de sus componentes, es decir, tanto los mecanismos tradicionales como aquellos que se introdujeron para mejorar la protección contra los ataques enemigos. Su análisis precisa de una metodología distinta en cada caso.

La vigilancia costera se ha analizado generalmente desde un punto de vista arquitectónico, prestando más atención a las torres que se levantaron para reforzarla31 (como la que se muestra en la imagen 2). La historiografía ha criticado duramente la labor de los vigilantes y ha destacado su dejadez como una de las razones del éxito de los ataques corsarios32. Considerando que el enfoque no es el más adecuado, proponemos plantearlo a la inversa y centrarnos en la situación de los centinelas para que comunicaran el peligro y se activaran los mecanismos defensivos correspondientes. Para ello, analizaremos su nombramiento, el perfil de los candidatos, su sueldo y hasta qué punto hubo una dejadez de funciones. Junto a ello, examinaremos cómo se transferían los avisos y cómo se mejoró la comunicación, implantando señales acústicas y visuales, de fuego y humo.

Movilizar a la milicia local era la respuesta más inmediata a la amenaza detectada por la vigilancia costera. Nos interesa especialmente analizar su despliegue y adaptación a las fuerzas que avistaban los centinelas, las medidas que las instituciones impulsaron para controlar el número de combatientes y mejorar el envío de refuerzos33. Paralelamente, examinaremos cómo se reforzó la milicia con el envío de tropas profesionales a las islas y los problemas que su alojamiento y pago crearon34.

Imagen 4. Redención de cautivos.
(https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fathers_of_the_Redemption.jpg)

El análisis del armamento se centrará en la artillería, elemento clave en los cambios de la guerra durante la edad moderna35. A diferencia del carácter técnico de las aportaciones que giran en torno a la teoría de la revolución militar, en este estudio abarcaremos otros tres aspectos: la administración de los arsenales, las vías de obtención del armamento y la munición, y la progresiva institucionalización y formación de los artilleros que debían utilizar esos recursos36. En este último caso, también analizaremos el armamento de la población y las medidas que se impulsaron para controlarlo a través de revistas de armas, como la de 151537.

La fortificación de las islas se estudiará analizando las murallas, las fortalezas, las torres y las iglesias rurales. Para ello, nos apoyaremos en trabajos de carácter arquitectónico, entre los que destacan los de Cámara; pero nos interesará especialmente examinar su desarrollo según las necesidades y los objetivos de cada momento, siguiendo la línea que Pardo marcó con su estudio de la defensa valenciana38. Las murallas de las principales localidades son las que han llamado más la atención de los historiadores, pero también cabe fijarse en las que se levantaron en localidades más pequeñas39. En el caso de las fortalezas, interesa especialmente abordar la transición de los castillos roqueros a favor de los fuertes costeros, edificados según el modelo abaluartado para proteger puertos como Maó40. Bajo nuestro punto de vista, el estudio de las torres se plantea mejor entendiéndolo como un refuerzo del sistema de vigilancia, más que como la base del dispositivo, que es como se ha hecho habitualmente41. En consecuencia, cabe analizar el momento y los objetivos de la construcción de las torres, además de utilizar los SIG para examinar su correspondencia visual trazando líneas de visibilidad (sight lines), con el fin de valorar su capacidad para retransmitir señales de fuego o de humo.

La defensa será el último aspecto que valoraremos del sistema defensivo. Para ello, hay que analizar tres aspectos. En primer lugar, las peticiones de las autoridades locales a la Corona para que enviara las escuadras de galeras al archipiélago, y el papel de este como lugar de paso y de abastecimiento de remeros para dichas flotas. En segundo lugar, las propuestas del soberano para que los territorios de la Corona de Aragón formaran escuadras conjuntas, una fórmula a la que se había recurrido desde la baja edad media42. Estos dos aspectos servirán para evaluar un componente del sistema defensivo y para valorar la implicación de la Corona en la protección de las aguas baleares. Finalmente, en tercer lugar, cabrá estudiar las iniciativas isleñas para defender su propio espacio marítimo armando embarcaciones de particulares, en una línea similar al análisis que Brogini realizó para el caso maltés43.

El estudio de todos y cada uno de los componentes proporcionará una visión global de la defensa de las Baleares. Dicha perspectiva permitirá valorar la implicación de la Corona en la protección de las islas, el papel que desempeñaron las instituciones isleñas y su colaboración con las autoridades reales, la conjugación de los elementos tradicionales con otros más modernos, así como entre dispositivos estáticos y dinámicos, además de la progresiva preferencia por los mecanismos terrestres frente a los marítimos que ha señalado la historiografía. Asimismo, esta labor nos ayudará a responder a la pregunta sobre la existencia de un sistema defensivo balear o, por el contrario, de varios sistemas defensivos insulares, debiendo evaluar en este caso la colaboración entre ellos.

La efectividad del sistema defensivo balear o de los sistemas defensivos insulares se determinará a partir de las bajas que cada bando sufrió durante los ataques, en especial en lo que se refiere al número de cautivos. En el caso de los atacantes, analizaremos cuándo se pudo rechazar los ataques y cuántos integrantes del contingente fueron capturados, y ponderaremos su número en comparación con el registrado en otros territorios como Valencia y Granada44. Una vez conjugadas las cifras que proporcionan la documentación y los trabajos publicados, las compararemos con las de esclavos importados o capturados por buques armados en corso en Baleares. Paralelamente, somos conscientes de que las defensas no fueron infalibles, y habrá que ver en qué circunstancias no pudieron evitar la captura de parte de la población local45. En este caso, recuperaremos el criterio geográfico utilizado para los ataques corsarios, de forma similar a los trabajos de Fé para los siglos XVII-XVIII, con el fin de distinguir si la captura tuvo lugar en el mar, en la costa o más hacia el interior46.

■ UNAS PRIMERAS CONCLUSIONES

Las Baleares destacaron en tres aspectos de la política mediterránea de la Monarquía hispánica. El archipiélago actuó como base de apoyo logístico en algunas de las campañas en el norte de África, especialmente la jornada de Argel de 1541. La puntualidad y la planificación de la llegada de la flota a las islas fue clave para evitar una excesiva inflación de los productos de primera necesidad, así como para conquistar el objetivo a finales de la estación apta para la navegación y reducir la posibilidad de un contraataque. Las Baleares también colaboraron a mantener la presencia militar en el Magreb, abasteciendo y reforzando esporádicamente los presidios del peñón de Argel y de Bugía, además de servir de enlace en las relaciones con el reino de Cuco. Asimismo, las islas se integraron en la extensa red de información que la Corona utilizaba a la hora de planear una política exterior efectiva. El archipiélago se constituyó aquí como una plataforma para espiar la costa argelina, además de recopilar, filtrar y retransmitir los avisos que recibía de Berbería.

El corso musulmán fue la principal amenaza para las Baleares, pues era mucho más frecuente que el cristiano. Su actividad no aumentó de forma significativa hasta 1526, una vez que Barbarroja (imagen 1) consolidó su poder en la costa argelina y se sometió al Imperio otomano. La presencia de escuadras medianas y grandes, capaces de asaltar lugares lejos de la orilla, creció a partir de entonces. Sin embargo, su etapa más activa no llegó hasta la década de 1550, coincidiendo con la fase más dura de la guerra entre los dos imperios. Aun así, saqueos como los de Maó (1535) y Ciutadella (1558), y los ataques lejos de la costa, no fueron la norma, sino la excepción a una actividad corsaria que dominaron las pequeñas acciones marinas y costeras que, a pesar de aumentar a mediados del quinientos, no fueron tan constantes ni tan catastróficas como la historiografía ha afirmado, ya que raramente se capturó a más de veinte personas. Tampoco fue una amenaza incontestable porque los musulmanes se retiraron en más de una ocasión cuando contraatacó la milicia local. La escuadra de Argel se convirtió en la mayor amenaza para los dominios hispanos a partir de 1558, al cesar las expediciones de la armada otomana al oeste de las costas italianas. La actividad corsaria disminuyó notablemente, lo que los coetáneos atribuyeron a las mejoras en la defensa litoral. La presencia de escuadras medianas y grandes se redujo a favor de las pequeñas flotillas. Los ataques costeros no disminuyeron tanto como los alejados de la orilla, pero tampoco se repitieron los sucesos extraordinarios de años previos. Por lo tanto, en el caso balear no se detecta un auge del corso argelino a partir de 1560, sino que, de momento, apunta a un retorno a la situación previa a 1550, con la consolidación del pequeño corso, con una mayor iniciativa costera, y un regreso de la zona de inseguridad terrestre al litoral.

El estudio de la defensa de las islas demuestra que no existió un sistema defensivo balear; no hubo una respuesta común a la amenaza. Cada isla se ocupó generalmente de su propia protección, y colaboró con las demás en muy pocas ocasiones, aunque muchas medidas se tomaran en paralelo. Los sistemas defensivos mallorquín, menorquín e ibicenco se integraron cada vez más, con sus particularidades, dentro de la estrategia defensiva hispana. La protección de cada isla descansó cada vez más en los elementos terrestres que en los marítimos conforme avanzó el quinientos y a medida que la amenaza corsaria se agravó. Las universidades isleñas fueron incapaces de armar naves de forma permanente y aumentó la supervisión cortesana, sobre todo de los refuerzos estáticos. Se entiende, así, que la Corona no se desentendió de la defensa de las Baleares y se involucró en ella en la medida de sus posibilidades. Asimismo, el análisis de los sistemas defensivos isleños revela que los elementos modernos, como la artillería, no desplazaron a los componentes tradicionales de la protección insular. Lo que se produjo fue una mejora y un refuerzo progresivo de estos mecanismos con costosos elementos artillados y fortificados, por temor a un ataque de la armada otomana o de las grandes escuadras corsarias, tras ser víctima de ellos o al cambiar la situación de las islas en la geopolítica mediterránea.

Las defensas de las islas estuvieron a la altura en más ocasiones de las que se creía. Activar los mecanismos preventivos a tiempo permitió incluso capturar a los atacantes en más de una escaramuza y vender a los musulmanes cautivos como esclavos. Todo ello refuerza la idea de que las Baleares no estuvieron constantemente asediadas por un corso invencible e incontestable. Sin embargo, tampoco debemos exagerar la efectividad de los distintos sistemas defensivos. Sus fallos provocaron que numerosos isleños cayeran en manos del enemigo tanto en tierra como en mar. Por ahora, hemos podido contabilizar más de cinco mil cautivos. La mayoría de ellos fueron apresados entre 1530 y 1580, coincidiendo con la guerra oficial hispano-otomana, y en su mayor parte cayeron presos en los saqueos de Maó y Ciutadella. Menorca fue, sin duda, la isla más perjudicada por los ataques musulmanes. Salvando las catastróficas consecuencias de los dos asaltos, las agresiones corsarias contra el archipiélago no causaron unas pérdidas tan elevadas como sostiene la historiografía, insistiendo en que pocas veces se saldaron con más de veinte cautivos.

■ NOTAS

* Técnico superior asociado al Grup d’Estudis d’Història Econòmica, gracias al contrato financiado por la Conselleria d’Educació, Universitat i Recerca del Govern Balear. (andreu.segui@uib.eu)

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12. Robert C. DAVIS, “Counting European Slaves on the Barbary Coast”, en Past and Present, 172, n.º 1 (2001): 87-124.

13. María J. RODRÍGUEZ, Felipe II, el Paladín de la cristiandad y la paz con el turco (Valladolid, 2004).

14. Molly GREENE, “Beyond the Northern Invasion: The Mediterranean in the Seventeenth Century”, en Past and Present, 174 (2002): 42-71.

15. Joan DAMETO, Vicenç Mut y Jeroni ALEMANY, Historia General del Reino de Mallorca (Palma, 1841), vol. 3, 564-590. José DE VARGAS PONCE, Descripciones de las islas Pithiusas y Baleares (Madrid, 1787), 87.

16. Pablo PIFERRER y José M. QUADRADO, Islas Baleares (Barcelona, 1888), 435.

17. Álvaro SANTAMARÍA, El valle de Sóller y Mallorca en el siglo XVI (Sóller, 1971), 191.

18. COLOMAR, Una frontera oblidada, 4, 108 y 245-246.

19. COLOMAR, Una frontera oblidada.

20. Juan GONZÁLEZ DE CHAVES, Fortificaciones costeras de Mallorca (Palma, 1986), 17.

21. Miguel J. DEYÁ, “El problema defensivo de las Baleares. Guerra y defensa en época de los Austrias”, en Historia de las Islas Baleares (Palma, 2006), vol. 10, 142.

22. Maria T. FERRER, “Jurisdicció i control de la navegació a la ribera i mar de Barcelona”, en Anales de la Universidad de Alicante. Historia medieval, 12 (1999): 113-114.

23. Natividad PLANAS, Pratiques du pouvoir au sein d’une société frontalière. Le voisinage de Majorque et ses îles adjacentes avec les terres d’Islam au XVII siècle (tesis doctoral inédita, Florencia, 2000), vol. 1, 83.

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25. DÍAZ, “L’estudi de la pirateria a través dels avistaments costaners”.

26. BONO, I corsari barbareschi.

27. Miguel J. DEYÁ, “Entre la toma de Orán y los pactos con Argel: las Baleares y la conquista de Bugía”, en Orán. Historia de la Corte Chica, Miguel Á. de Bunes y Beatriz Alonso (Madrid, 2011), 55-81.

28. Rafael GUTIÉRREZ, Los presidios españoles del norte de África en tiempos de los Reyes Católicos (Melilla, 1997). Beatriz ALONSO, “Trenes de avituallamiento en las plazas españolas de Berbería”, en Guerra y sociedad en la monarquía hispánica: política, estrategia y cultura en la Europa moderna, 1500-1700, Enrique García y Davide Maffi (Madrid, 2006), vol. 1, 739-766.

29. Beatriz ALONSO, Sultanes de Berbería en tierras de la Cristiandad. Exilio musulmán, conversión y asimilación en la Monarquía hispánica (siglos XVI y XVII) (Barcelona, 2006).

30. Emilio SOLA, Los que van y vienen. Información y fronteras en el Mediterráneo clásico del siglo XVI (Alcalá de Henares, 2005).

31. COLOMAR, Una frontera oblidada.

32. SANTAMARÍA, El valle de Sóller y Mallorca en el siglo XVI, 216-217.

33. Para una visión general, véanse los estudios reunidos por José J. RUIZ, Las milicias del rey de España. Sociedad, política e identidades en las Monarquías ibéricas (México, 2009).

34. Para el caso siciliano, véase Valentina FAVARÒ, “Sulli allogiamenti militari in Sicilia tra cinque e seicento: alcuni riflessioni”, en Mediterranea. Ricerche storiche, 20 (2010): 459-478.

35. René QUATREFAGES, La revolución militar moderna. El crisol español (Madrid, 1996).

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37. Francisco SEVILLANO, “Mallorca y la defensa de Bugía (1515)”, en Bolletí de la Societat Arqueològica Lul·liana, 33, n.º 814-815 (1971): 332-370.

38. Alicia CÁMARA, Fortificación y ciudad en los reinos de Felipe II (Madrid, 1998). Pardo, La defensa del imperio.

39. Juan TOUS, Palma a través de la cartografía (Palma, 2002). Francisco COBOS y Alicia CÁMARA, De la fortificación de Yviça (Ibiza, 2008). Antoni DOMINGO, La ciutat tancada (Alcúdia, 2019).

40. Francisco FORNALS, Castillo de San Felipe del puerto de Mahón. Siglos XVI-XVII-XVIII (Maó, 1996).

41. GONZÁLEZ DE CHAVES, Fortificaciones costeras de Mallorca.

42. Andrés DÍAZ, Los orígenes de la piratería islámica en Valencia: la ofensiva musulmana y la reacción cristiana (Barcelona, 1993).

43. BROGINI, Malte, frontière de Chrétienté (1530-1670).

44. Vicente GRAULLERA, La esclavitud en Valencia en los siglos XVI Y XVII (Valencia, 1978). Aurelia MARTÍN, La esclavitud en la Granada del siglo XVI. Género, raza y religión (Granada, 2000).

45. José A. MARTÍNEZ, Prisioneros de los infieles. Vida y rescate de los cautivos cristianos en el Mediterráneo musulmán (siglos XVI y XVII) (Barcelona, 2004). Wolfgang KAISER, Le commerce des captifs. Les intermédiaires dans l’échange et le rachat des prisonniers en Méditerranée, XVE-XVIIIE siècle (Roma, 2008).

46. Luis F. FÉ, “Geohistoria del corso. Las posibilidades de una historia global”, en Drassana: Revista del Museu Marítim, 23 (2015): 36-53.